sábado, 30 de junio de 2012

Capítulo 28. Herida inoportuna.

Me despierto la primera, porque Thresh esta roncando como un poseso. Le dejo dormir un poco más, mientras que yo, me voy un momento. Vuelvo hacía el sitio donde me refugiaba antes y me coloco en posición para poder recordar donde estaba la trampa. Si, ya veo el alto árbol escuálido. Como me he llevado la mochila, saco la cuerda y la vuelvo a sujetar donde estaba. Coloco unas pocas bayas, y vuelvo.
Antes decido pasarme cerca de la Cornucopia para ver a los profesionales. Los cadáveres ya no están, los aerodeslizadores se los llevaron. Veo como montan una pila de suministros, poco a poco, rebuscando entre las cajas. Con todo lo que están reuniendo tienen para pasar todos los juegos. Entonces recuerdo las palabras de Tresh anoche: <<Si alguna vez se les acaban las provisiones no se de que se van a valer, la verdad. Los entrenan, pero, para luchar, ¿Y? puede que no tengan ni siquiera instinto de supervivencia.>>
Creo que me iré pasando de vez en cuando por aquí.
Vuelvo hacía donde Thresh, supongo que aun estará durmiendo. Y así es. La verdad, aun es muy temprano.
Saco la parte restante del conejo, que llevaba guardada en la mochila, y la parto por la mitad. En vez de hacer las dos partes, cojo una y la vuelvo a partir. Ahora somos dos personas y se consume más, hasta que no cace algo mi trampa, hay que racionar la comida.
Veo como mi compañero se despereza dentro del saco y se incorpora. Yo mientras hago los dos trozos de carne.
-¿Que haces, tan temprano?.- me pregunta saliendo del saco.
-Nuestro desayuno.
Le cuento lo que he visto de los profesionales y el suelta una risa.
-Me los imagino, sin provisiones, muriéndose de hambre.
El saca de su mochila unas bayas y parecen tener un aspecto jugoso. Mientras comemos, el me cuenta como vivía en su distrito, y también sobre su familia. Tiene una hermana mayor, que ya se le ha acabado el tiempo para estar en la cosecha y ahora se dedica a trabajar. También esta su abuela, que a pesar de tantos años, y con espalda encorvada y dolorida, trabaja en los campos.
-¿Y tus padres?.
Siento que, al hacerle esta pregunta le duele contármelo y me arrepiento de haberla hecho.
-Mis padres murieron por culpa de unos agentes de la paz. Allí son muy extrictos y a la primera...
-Lo sé.- he escuchado a Viters hablar sobre el distrito 11. Son muy crueles además de uno de los más pobres.
-Por eso, si gano, quiero llevarme a mi abuela y a mi hermana, que no trabajen más, y que viviamos bien de una vez por todas. Aparte de no pasar hambre.
Siento pena por Tresh. Si, yo tengo a mis dos hermanos y a mi padre, vivimos justos con lo que tenemos, pero, el tiene a su abuela. Y no, no es lo mismo.
-¿Y tu familia?.- me pregunta.
-Dos hermanos y un padre.- respondo. Ahora mismo se me esta formando un nudo en el pecho.
No pregunta por mi madre, ya sabe la respuesta.
Comemos a grandes bocados las dos partes del conejo. Luego, comemos unas bayas.
-Vamos.- me dice Tresh, levantándose.
-¿Donde?.
-A cazar.
Dejamos las brasas apagadas, y los sacos de dormir enrollados al lado del tronco. Cogemos las mochilas y el, una enorme espada. Pero no es la típica espada en punta, si no, tiene forma curva que con solo mirar su punta, duele.
Conforme avanzamos, el me enseña las principales bayas que se pueden comer y las que no. Hay unas, las Jaulas de Noche, las que casi pruebo en los entrenamientos.
-¿Recuerdas cuando casi te las comes?.- me pregunta haciéndolas rodar en la mano.- pues ahora, estarías muerta. Ni siquiera hubieras pisado la Arena.
Luego me enseña otras muy parecidas de un color oscuro, casi idénticas a las otras, salvo que cuando se exprimen, el líquido de las Jaulas de Noche es rojo oscuro, mientras que este es rosado.
-Estas, normalmente se utilizan como jarabe. Te hacen dormir unos cuantos días.
Creo que estoy aprendiendo más ahora, los distintos tipos de bayas, que en los entrenamientos. Yo también le enseño cosas a Thresh sobre plantas, aunque el solo sabe algunas plantas curativas, como las onduladas que me dio para el corte.
Por el camino, también me paro a desenterrar algunas raíces y recuerdo el asalto del perro. En un impulso, antes de agacharme, miro tras los arbustos y aliviada de que no haya nada, las desentierro.
En una bolsita de tela, lleva cuatro cuchillos pequeños, pero afilados.
Divisa un lemmini. De estos en los bosques hay tribus y tribus de ellos. Son unas ratas de cuerpo mayor, algo más rellenas de pelo corto, que excavan túneles y madrigueras para tener una reserva de alimentos. Me dice que me aparte un poco, y en un parpadeo lanza una cuchillo con un giro de muñeca que queda clavado justo en el centro de el animal.
-Fantástico.- murmuro.

El sonríe y recoge a la presa. Vemos una roca y nos paramos a descansar un poco. Bebo un poco de agua, que ahora esta tibia por el calor de la mochila. Me acabo toda la bota y como el arroyo esta cerca, de paso, la rellenaré.
-¿Como cazaste a las presas?.- me pregunta Thresh, limpiando la sangre de su cuchillo.
-Con la trampa, y a la ardilla con esto.- digo agitando el arco en el aire.
-Es la imitación de arco más mala que he visto en mi vida.- responde el, cogiéndolo y observándolo.
-Lo tomare como un cumplido.
Ya que estamos pasando el tiempo, decido enseñarle mi táctica con los cuchillos.
-Eres bueno con los cuchillos pero...yo creo que lo seré más.
El suelta una carcajada, tampoco muy alta, por si estuviera alguien cerca.
-Venga, Comadreja, demuéstramelo.
-Coge esta bolsa de tela y ponla en el tronco.- le dicto.
Cojo un par de cuchillos, miro la bolsita de tela que el sujeta y los lanzo hacía atrás.
Y como yo esperaba, la bolsa queda sujeta por los cuchillos que están clavados en el tronco. Doy media vuelta y lo veo con las manos en la cintura, mirando la bolsa y después extrayendo los cuchillos con fuerza.
Se acerca y me devuelve los cuchillos.
-Ha sido una verdadera suerte que no me cortaras los dedos.- me dice cogiéndolos.
Vamos hacía el arroyo y yo lleno las botas mientras Thresh me vigila las espaldas con la espada en la mano. Si, a el también le quedaba poca agua y ya estaba caliente.
Volviendo al lugar, paso por la trampa y no ha cazado nada.
-Ya caerá algo.- dice Thresh empujándome hacía delante.
El sol es abrasador, como en verano. Pero claro, no es un sol normal. Empiezo a sudar, y la ropa se me pega a la herida que mágicamente se abre y empieza a desangrarse.
-Tus hojas no han bastado.- digo estirando el cuello de la camiseta para que no se manche, pero ya es un poco tarde.

Capítulo 27. Un nuevo aliado.

Bueno, quería deciros que hay dos o tres capítulos que no salen realmente en el libro. Cuenta como lo vive Katniss y en estos capítulos se supone que ella esta inconsciente por las picaduras de rastrevíspula.
No os extrañéis, por favor. Besos :)



"Quien me mandaría a mi recoger bayas AHORA".- pienso.
El perro esta encima de mi, intentando morderme. Lo único que me salva es el cuchillo que milagrosamente esta en su boca, tallando sus labios poco a poco, pero parece no ser suficiente. Suelto pequeño gemidos y gritos, queriéndomelo quitar de encima pero es inútil. Las babas que salen de su boca mezcladas con sangre, caen rodando por mi frente y es asqueroso. Me rindo, ya no tengo fuerza suficiente como para aguantarlo, hasta que deja de forjear y se tambalea, callendo hacía mi lado izquierdo. He conseguido llevarme un buen corte en el cuello, pero solo eso. Por cierto, ¿Que lo ha matado? porque el cuchillo que hay clavado en su lomo no ha salido de por si. Alguien me ha . . . salvado.
Miro en todas direcciones pero no veo a nadie. Me levanto, y doy media vuelta hasta que me encuentro a Thresh a mis espaldas de brazos cruzados y con una manaza de cuchillos en la mano.
El corazón me deja de latir en un instante y caigo de rodillas, arrastrándome hacía atrás.
-Thresh...por favor, hazlo rápido.- digo, murmurando las palabras.
El arquea las cejas, y suelta una risa.
-¿Para que voy a matarte ahora si ya lo podría haber hecho el?.- me dice ayudando a levantarme.
-Entonces, ¿No me vas a matar?.
Aun tengo posibilidad de huir corriendo entre los árboles.
-Pues claro que no. Te iba a proponer ser mi aliada.
Lo miro atónita. Acaba de proponerme que sea su aliada y así, tan directo. No se si debo fiarme mucho, teniendo en cuenta que los profesionales se lo habían pedido antes y el había rechazado su oferta.
-Esta bien.- digo asintiendo con la cabeza.
-¿Vienes a mi refugio?- me pregunta, sacando el cuchillo de el lomo del perro.- supongo que será más grande que el tuyo, ¿No?
-Supongo que si.- afirmo. Un chico tan grande como el no puede refugiarse entre cuatro arbustos como yo. Además tiene toda esa extensión de tierra en la que esta solo.
-Será agradable tener compañía.
Mientras caminamos hasta donde yo tengo guardadas mis presas, con mochila a conjunto y arco, se me escapa una pregunta que me reconcome la cabeza.
-¿Porque yo?.
El se para un momento a pensar, como si se le hubiera olvidado el motivo.
-Me pareciste muy inteligente la primera vez que te vi, ya solo por tu cara, se notaba. En la entrevista digiste que eras bastante escurridiza y eso. Así que lo estuve pensando.
-¿Y los profesionales?, osea, son más fuertes que yo, siempre son finalistas en los juegos, trabajan en grupo, tienen más recursos para sobrevivir...
-Pero no tienen de esto.- me dice, tocándose la cabeza.
Esto me recuerda a Viters el día que hablaba con el en nuestra roca.
-Si alguna vez se les acaban las provisiones no se de que se van a valer, la verdad. Los entrenan, pero, para luchar, ¿Y? puede que no tengan ni siquiera instinto de supervivencia.
Llegamos y yo recojo mi mochila, enrrollo el saco de dormir, cojo la imitación del arco y nos vamos.
Al atardecer, cuando se ven ya pequeños rayos de sol entre las montañas, diviso el campamento. Se nota que ha hecho una hoguera por la cantidad de brasas que hay. Tambien hay un tronco bien grande con el saco de dormir apoyado en el y el perímetro que rodea este sitio esta compuesto por altos arbustos.
-Vaya, estoy realmente asombrada.- digo.
-¿Tienes hambre?.- me dice sacando un conejo. Pero veo que le falta la mitad del cuerpo. Es mi conejo.
-¿De donde has sacado el conejo?.- le pregunto acercándome hacía el.
-De una trampa. La robé cuando el tributo no estaba.- dice riéndose.
-Era mi trampa y mi conejo. Pero bueno, me dejaste la mejor parte.- digo sacando la mitad del cuerpo, cogiéndolo por las patas.
Para de reír. Parece que no le a acabado de hacer mucha gracia.
-Vamos a cocinar una parte. Guardamos esto para mañana.
Asiento, y me siento a arrancar los dos muslos del cuerpo, mientras el coge dos largos palos y mete los muslos en ellos. Se cocinan bastante bien, porque la llama es más grande. Yo lo hacía en brasas y no era tan efectivo.
-¿Y la pequeña?.- pregunto, relamiéndome los dedos de la grasa que suelta el muslo.- ¿No pensaste aliarte con ella? 
-Pensé que podría valerse por si sola. Fíjate, en el primer día ya salió viva. Además, ¿De que me serviría? No me sería de mucha ayuda.
La verdad es que si. Pero con tal de protegerla...si hubiera sido de mi distrito y yo fuera un tributo masculino, si que podría haberme aliado con ella. 
El gran manto de estrellas cubre el cielo y como todas las noches sale el sello e himno del Capitolio. Aparecen las dos caras de las chicas que han muerto esta mañana. Glimmer y la chica del 4.
-Nueve.- susurro. Pero Thresh parece tener el oído muy fino porque lo veo asentir.
Cojo la bota de agua y me limpio la sangre seca de la herida que el perro me había hecho. También me limpio la sangre de la frente, acompañada de unas asquerosas babas.
-Toma, pontelas.- me dice Thresh dándome unas hojas grandes y onduladas.- las usamos en mis distrito contra las picaduras de rastrevíspulas y heridas, como cortes. Por cierto, ¿Que llevas colgado en el cuello?
A primer vista solo se ve una cuerdecita de color negro. Saco el colgante del interior de la camisa y dejo que lo observe.
-Me lo talló un buen amigo mio, para que le recordase.
Lo mira atento, al igual que mi cara.
-Pues si que te pareces.- dice sonriendo.
Doy un soplo entre risa y bufido.
-De verdad, es la quinta vez que me lo dicen.- digo, un poco más seria.- por favor, ya.
-Bueno, esta bien.
Me coloco las gafas de visión nocturna y me acurruco en el saco de dormir. Hace un frío seco, el más seco desde que entre en la Arena. Los arbustos también son una ventaja, ya que el aire no traspasa y hace a modo de barrera.
-Thresh.
El, deja escapar un sonido a modo que sustituya al "¿Que?"
-Gracias por salvarme.
-Para algo están los aliados, Comadrejilla.
-Tresh....- digo mientras gruño y el se ríe.
Y es que, es la primera vez que siento a alguien cercano a mi desde que entre en la Arena. Como si fuera Viters.

viernes, 29 de junio de 2012

Capítulo 26. Rastrevíspulas.

De repente me entra una increíble rabieta. ¡Alguien o algo se ha llevado MI comida!. Me tapo la boca con las manos y paro. Pienso por un momento que estoy haciendo. Parezco una cría de cinco años y estoy poniendome en peligro. Si grito, los tributos sabrán donde estoy. Cojo la parte del cuerpo, y como no queda ni una baya retiro la cuerda del árbol. Vuelvo al refugio. Una vez sentada, rebusco en la mochila que he encontrado hace poco en el bosque. Contiene un linterna, otra bota de agua, un par de gafas más, una cuerda, un muelle, un saco de tela, una barra de pan, la caja de cerillas a medio gastar y un cuchillo. Espera.¿¡Una barra de pan!?
La parto en dos para ver si es de verdad. Huelo el intenso aroma que desprende y la boca se me hace agua en poco segundos. ¡Que fuerte!. ¿Como ha conseguido una barra de pan? 
El día a pasado volando. Literalmente, porque ya esta atardeciendo. Me quedo dentro del saco, incorporada mientras me como una pequeña punta de pan y otra pata de conejo. Bebo un poco de agua y me quedo allí sentada. Se me olvidaba, ahora tengo dos cuchillos. Pero no creo que sea suficiente. 
Pienso en el chico del distrito doce. Peeta creo que se llama. ¿Como ha podido aliarse con los profesionales? Es un chico de los distritos más pobres y además iba un poco cojo. Me extraña que Cato no lo aya matado todavía. También me extraña que quiera matar a su compañera, tan enamorado que esta. Bueno, estaba. Cato puede haber pensado en no matarlo para encontrarla a ella. Por si no lo había dicho, la odia. Anochece, y empiezo a tiritar. El sello del Capitolio sale justo a tiempo, acompañado por el himno y la cara de el tributo que murió ayer. Era la chica del 8. Si no hubiera hecho un fuego los profesionales no la habrían encontrado y aun estaría viva. Pero bueno, la gente hay veces que no piensa.

Oigo un crujido que hace que de un salto. Distingo unos ojos observándome. No se si es un animal o es un tributo, pero parece que se acerca. Busco rápidamente las gafas de visión nocturna y me las pongo. 
Es un  zorro, un pequeño zorro de pocos meses. En estos momentos me vienen las palabras de Caesar en la entrevista: Foxface. No me parece peligroso, es más, ni siquiera la voy a matar. Tengo a tres presas, una barra de pan. No necesito más comida de momento. Además, la tendría que guardar en la mochila y eso supone más peso porque no la iría a dejar en el tronco hueco. 
Veo también a la madre, como pasa cerca de mis pies y se la lleva. Parece que son, aparte de los pájaros, los animales más "normales" que pueden haber en la Arena. Todos estan modificados geneticamente para matarte, sea un perro salvaje, un lobo, un puma. 
Duermo con un cuchillo al lado, cogido también de la mano, por si acaso.
Me despierto y el sol ya esta bien arriba. Oigo gritos a lo lejos, gritos de ayuda, de socorro, y agua moverse.
¿Que estará ocurriendo? Me levanto, primero asegurándome de que no hay ni presas ni tributos cerca.
Diviso un árbol grande y grueso, en el que puedo esconderme sin preocuparme de que me vean.
Corro hasta el, como si me fuera la vida en ello. Bueno, la verdad es que si, soy un blanco especialmente fácil.

Veo como Cato, Clove, Peeta y Marvel se sumergen en el agua del arroyo. Cato saca la cabeza de golpe, parece que lleva tiempo bajo el agua. Su cara esta hinchada, por picaduras. Rastrevíspulas, no han podido ser otras que estas, no tan normales como las otras. Su veneno es mortal, en algunos casos. Suenan dos cañonazos y veo a Peeta salir corriendo del agua. Cato va tras el, mientras que Clove y Marvel siguen en el agua, para aliviar el dolor de las picaduras.
Dos aerodeslizadores descienden del cielo, y puedo distinguir el pelo rubio de Glimmer. Su cuerpo esta completamente hinchado y desquebrajado.
Luego esta otra chica, de pelo color castaño, que asciende a la misma vez.
Esta noche saldrán sus caras en el cielo, no he escuchado otro cañonazo.
Hoy, creo que me dedicaré a recoger algo de fruta, como bayas. Me sirven para las trampas.
Puedo deambular más segura por el bosque, ya que los profesionales se dirigen de nuevo a la Cornucopia. Pero esta vez, van con un nuevo chico, creo que es del distrito 3. A Peeta no lo veo por ninguna parte, y no ha soñado ningún cañonazo. ¿Malherido? Si. Katniss, también lo estará. Estaba justo debajo de ellos, cuando les han picado las rastrevíspulas. Además, Thresh esta en la otra parte de la Arena, donde tengo el refugio y yo voy a ir por el bosque. Es mi oportunidad. Empiezo mi camino, con el cuchillo bien agarrado.
Escarbo entre los arbustos y de tanto en tanto suena algún que otro crujido.
Me paro justo en frente de un arbusto a recolectar unas bayas y desentierro algunas raíces que hay abajo.
Todo esto iba muy bien hasta que un perro salvaje, me asalta. Y ahora si, estoy perdida. 

Capítulo 25. Primer día de caza.

Empieza a refrescar y me escondo en mi saco de dormir con la cremallera de la chaqueta subida hasta el cuello. Aun se ven algunos rayos de sol asomando entre las montañas, pero, no tarda en hacerse de noche. Uso la mochila a modo de almohada para apoyar la cabeza y escondo la flecha en el tronco. Mientras estoy aquí, voy comiendo algunas bayas porque el hambre empieza a aparecer. Veo el sello del Capitolio en el cielo, acompañado por el himno y luego salen las caras de los tributos que han muerto más el distrito al que pertenecían. La chica del distrito 3, el chico del 4, los dos tributos del 6 y 7, el chico del 8, los dos del 9 y la chica del 10. Y Jale. Once, once en total, había contado mal. Supongo que por la parte en la que estaba no lo había divisado bien a todos.
Las caras desaparecen y vuelvo a contemplar el manto de estrellas y escucho los sonidos de los insectos que deambulan por el campo.
Intento dormir, con este insoportable frío, pero me sobresalto al escuchar un grito acompañado de un cañonazo. Lo que imaginaba, los profesionales han matado a un tributo.
Me despierto despuntando el alba. No me muevo mucho por si hubiera alguien cerca pero estarán todos durmiendo. Miro mi mochila, y ya no me quedan bayas para desayunar. ¿Que hago? Si encuentro más bayas, no puedo alimentarme de ellas el resto de los juegos. Necesito grasa, carne, pero no creo que vaya a cazar nada con esta flecha.
Haré una trampa. Me quedan un puñado de bayas que me las podría comer perfectamente pero las uso como cebo para la trampa. Como la cuerda no la he usado aún, la ato a un árbol escuálido que hay por aquí cerca y la preparo. El árbol es bastante alto, si una presa cae, se quedará colgada de el y nadie la cogerá.
Voy con flecha en mano, caminando por el bosque, pero alerta. Veo a una ardilla, en la rama de un árbol bastante bajo. No es que tenga mala puntería pero si Glimmer que se le da bien el arco se le ha escapado una flecha, la mía podría ir a parar a otro sitio no deseado. Y no estoy como para perderla.
Encuentro una rama curva, y unas cuantas ramitas finas. Me dedico a trenzarlas para formar una cuerda y así atarla a la rama curva y formar una especie de arco.
-Venga, pequeño, funciona.- susurro.
Lanzo la flecha y la ardilla cae desplomada en el suelo. Me acerco a ella, y veo que le ha traspasado justo en el cuello. La cojo, junto con la flecha y me los guardo en la mochila. Pienso que no me vendría mal el arco también, por si acaso.
Vuelvo hacía mi refugio pero antes pasando por la trampa que había colocado. Es un golpe de suerte. Un conejo cuelga del árbol, balanceándose ya muerto.



Lo recojo y también lo guardo en la mochila. Aun quedan algunas bayas en el suelo, esparcidas. Vuelvo a colocar la trampa, con las bayas restantes y me voy.
Una vez en mi refugio pongo mis dos presas en el suelo, una junto a la otra. No se como comérmelas, y me muero de hambre. Si tuviera un cuchillo las cortaría.
Oigo afuera un tintineo, y se lo que significa. Un paracaídas.
Es plateado y esta junto a unos arbustos. Lo abro y veo un gran cuchillo, con una nota.
"Muy buenos instintos de cazadora, Comadrejilla, sigue así".
Lénart. Lénart me ha enviado un cuchillo. Sonrío, satisfecha de que ahora podre comerme aunque sea la pata de un conejo. Saco las cerillas de la mochila, y enciendo un pequeño fuego, el cual apago enseguida y solo me quedo con las brasas. Hago una pata de conejo y me la como con mucho gusto.
-Por ti, Lénart.- digo alzando el hueso de la pata en el aire.
Lo tengo dentro de la boca un buen rato, saboreando aun el sabor. Dejo el arco y la flecha dentro del tronco. No me había dado cuenta de que tiene un pequeño agujero, y detrás de el, unas hojas de menta. Normalmente en casa, mi padre se hace muchas de estas infusiones. Hasta la que me dio Kaeba llevaba menta. Como no tengo nada parecido a una taza, me dedico a masticarlas. Esto hará de un postre, y engañaré a mi estomago, diciéndole que ya basta de comida por ahora.
Diviso fuego a lo lejos. Pero no el fuego de una hoguera, no, un fuego de bastantes árboles.
No me voy a acercar, los profesionales lo harán. Pero bueno, si que puedo rondar por allí. ¿Y si se olvidan algo? Quizás me pueda llevar un cuchillo, comida, quien sabe.
Mientras ando, pienso en mi familia. Ahora mismo estarán mis dos hermanos sentados en la mesa de la cocina con mi padre, mirando como yo sobrevivo aquí, y posiblemente como muero a manos de alguien o por causas naturales. Y como me estará viendo todo Panem también, porque se televisa todo en directo. Pienso también en la familia de Jale, destrozada. Quizás tuviera hermanos pequeños como yo, o alguno grande. Pero nadie se presentó voluntario, tampoco.
Ahora llevarán su cuerpo al distrito para que su familia lo entierre. Si gano, iré personalmente a verlo.

Rebusco entre los arbustos y encuentro una mochila. ¿Podría ser la mochila del tributo que perdió la vida anoche? si, porque aun quedan brasas en el suelo y hay salpicaduras de sangre por la parte baja de la corteza del árbol. Me la llevo y regreso a mi refugio porque empiezo a escuchar unas risas, de los profesionales, pero decido pararme a ver lo que pasa. Corren gritando tan contentos y parecen que persiguen a alguien. Entonces veo a Katniss subida a un árbol a casi 15 metros del suelo y Cato intentando cogerla, pero, cae después de quebrar una rama. Glimmer le lanza flechas pero tampoco da resultado.
-Esperaremos a que baje.- dice el chico del distrito doce.- no se puede quedar allí arriba o morirá de hambre. Tarde o temprano bajará y entonces la mataremos.
Al chico no se le ve muy alegre ni tampoco muy convencido. Cato, que parece ser el cabeza del grupo, acepta la propuesta y acampan debajo del árbol en el que ella esta subida.
Se separan para buscar ramas con las que encender una hoguera y yo me marcho para que no me descubran.
Paso por la trampa, para ver si ha atrapado algo y si, otro conejo. Pero esta vez, le falta la cabeza. Alguien se la ha llevado. ¡MALDITA SEA!.